Por Claudio Orrego, Intendente de la Región Metropolitana

El atentado incendiario en contra de la Iglesia San Francisco, en el marco de la marcha mapuche  del 12 de octubre, ha sido transversalmente repudiado por diversas autoridades y la ciudadanía. Se trata de un acto injustificable en contra de uno de los pocos inmuebles coloniales que queda en pie y que desde 1951 está bajo la categoría de Monumento Histórico Nacional.

Santiago es una ciudad que se ha ido construyendo con el aporte de todos y estos edificios forman parte de nuestro acervo arquitectónico, histórico y cultural. No podemos aceptar que cualquier persona, bajo cualquier consigna, se arrogue el derecho a destruir el patrimonio de todos los chilenos.  Aguantar eso sería entrar en una peligrosa espiral.

Como Intendencia nos hemos querellado en contra del responsable, porque es importante que estos actos no queden en la impunidad. Queremos dar una señal clara: respetamos y entendemos  la protesta pública como un instrumento absolutamente válido en democracia, pero no aceptaremos que se atente contra las personas o el patrimonio. Libertad de expresión, si. La barbarie de los vándalos, absolutamente no.

Sabemos que el grueso de quienes asisten a estas marchas no práctica la violencia, pero lamentablemente hay pequeños grupos de desadaptados que aprovechan cualquier ocasión para destruir la ciudad. Lo vimos en otro incidente incendiario, en contra de la Iglesia de la Gratitud Nacional, y también en los rayados en el edificio del Colegio de Arquitectos, obra de reciente restauración que ya fue vandalizada.

Como Gobierno Regional hemos impulsado (y financiado) la recuperación de lugares emblemáticos para nuestra ciudad, un esfuerzo de hermoseamiento que también han realizado otras reparticiones públicas y los municipios. Queremos un Santiago limpio y seguro, queremos que nuestra capital sea un lugar atractivo para sus habitantes y para quienes nos visitan.

Debemos aprender a querer y respetar nuestro patrimonio y a no ser condescendientes con aquellos que lo destruyen. Los monumentos son parte de nuestros espacios públicos y están insertados en la vida de la ciudad. Por ello, deben ser bien utilizados y respetados por todos y todas.

*Columna publicada en La Tercera el 16 de octubre de 2015.