Por Claudio Orrego, Intendente de la Región Metropolitana

El Foro Mundial de la Bicicleta es el más importante evento ciudadano especializado en analizar y debatir sobre las políticas globales de este medio de transporte. Por eso, la versión que se realizará en Santiago hasta el martes próximo es una gran oportunidad para destacar los avances logrados en materia de movilidad en dos ruedas y de pensar en los desafíos que nos restan.

El aumento del uso de la bicicleta en la capital ha crecido sostenidamente –a tasas  sobre el 10% en los últimos años- y hoy se estima que se realizan cerca de un millón de viajes diarios en este medio de transporte. Esta masificación nos reconforta, ya que se trata de un medio no contaminante, que mejora la salud y la calidad de vida de quienes lo practican, y que ayuda a la descongestión. Pero al mismo tiempo, nos obliga a darle la correspondiente cabida en una ciudad adaptada a las necesidades de los autos.

Desde mediados del siglo pasado, Santiago ha vivido un largo auge del automóvil, con un aumento exponencial  en el número que circula por la ciudad. Y nos acomodamos a esa situación. Se ensancharon calles, se hicieron autopistas -quitando espacio incluso a los mismos peatones-, y nos convertimos en una ciudad motorizada que relegó a un segundo plano al resto de los medios de transportes, que de lentos y peligrosos se volvieron impopulares (¿se acuerda de la publicidad de “cómprate un auto perico”?).

Esa época se está acabando. Estamos llegando a un límite en la capacidad de aumento del parque automotriz. En Santiago hay casi 2 millones de vehículos, con un crecimiento anual del 8%, y las obras de vialidad para la movilidad de esos automóviles no llegan ni la mitad de ese porcentaje. ¿Qué hacer? ¿Destruimos cuadras enteras para darle cabida a más autos o aprovechamos lo existente para impulsar otros medios de transporte?

Quienes se han subido a las bicicletas han encontrado en este medio de transporte fortalezas que otros no tienen: tranquilidad, rapidez, ejercicio. Pero también han conocido sus falencias: falta de ciclovías, falta de conectores entre éstas, la inseguridad de compartir el espacio con vehículos motorizados, la dificultad de guardar la bicicleta en algún lado y luego conectar con otro medio de transporte, etc.

Podemos enumerar las obras que hemos hecho para mejorar la situación actual, como la Red de Bicicletas Públicas en catorce comunas, las CicloRecreoVías, o la creación de un nuevo estándar para la construcción de pistas de bicicleta. O los proyectos en distintas etapas de desarrollo como la Ciclovía de la Infancia, el Mapocho Pedaleable, el 42K, los 180 kms. de ciclovías que hemos comprometido para el 2018, o los 24 kms. de conectores entre distintas ciclovías. Pero sabemos que hay mucho más por hacer.

Debemos impulsar distintas formas de movilización, y darle a la bicicleta la legitimación que le corresponde como medio de transporte masivo y no solo como objeto de recreación y ejercicio. Si queremos un Santiago a la altura de una ciudad humana y desarrollada, donde el peatón y el ciclista sean actores de primera categoría, debemos entender que el actual sistema, que tiene al auto como eje, nos es sostenible hacia el futuro y probablemente tiene sus días contados.

*Columna publicada en La Segunda el 04 de abril de 2016.