Claudio Orrego, Intendente de la Región Metropolitana

No hay mejor manera de intentar cerrar autoritariamente un debate que recién comienza, que caricaturizando y sobresimplificando las propuestas que hemos hecho como Gobierno para el Nuevo Plan de Descontaminación de Santiago. Por eso es importante explicar los tres conceptos que guían el Plan.

Primero, está la integralidad. Si hay tres tipos de fuentes contaminantes, tiene que haber tres grandes categorías de propuestas. Si se revisa el documento presentado, vemos que las propuestas más importantes son en referencia a la utilización de la leña en Santiago, que es el elemento que más contribuye a contaminar. Luego vienen los temas industriales, y solo después el transporte, donde las medidas más radicales no están en los autos livianos sino que en el transporte pesado y en los buses, siendo la restricción solo una de ellas.

En segundo lugar, tenemos la proporcionalidad. Considerando que los vehículos livianos son solo una fracción del 31% de las emisiones que emiten los vehículos de transporte, no hemos planteado una megarestricción durante todo el año, sino que solo una restricción de dos dígitos durante el período que dura la Gestión de Episodios Críticos. Este periodo, además, lo estamos reduciendo en un mes, para que solamente vaya de mayo a agosto, lo que significa que los dueños de los casi 1 millón 700 mil vehículos de Santiago tendrán como máximo 16 restricciones anualmente, un tercio de las cuáles probablemente corresponderá a un fin de semana.

No nos parece que esta sea una medida expropiatoria, mucho menos gravosa o atentatoria contra el derecho de propiedad, sino que es una medida proporcional  al impacto que  este número de autos genera  en una contaminación que también tiene otras fuentes y que perjudica la salud de las personas.

Y por último, la equidad. Nosotros hemos sostenido con claridad que el objetivo de esto ni siquiera es estético o turístico, sino un tema de salud pública. Los más vulnerables de nuestra sociedad, los niños y adultos mayores de comunas pobres del sector poniente de Santiago -Pudahuel, Cerrillos, Cerro Navia o Quilicura-, son los más perjudicados por esta contaminación.

Nadie puede pretender que Santiago tenga  la calidad de aire de un país desarrollado sin que todos pongamos nuestro grano arena para que ello sea posible. Medidas estructurales, como la prohibición de la leña que se consume en mayor proporción en las comunas más ricas de la ciudad, que tienen un mejor aire, perjudicando a las comunas que  pobres que tienen el peor aire, o medidas puntuales restrictivas como la restricción vehicular, son propuestas que nos parece que van en la dirección correcta y sin duda son bastante razonables y proporcionales.

*Carta publicada en el diario El Mercurio el 25 de julio de 2015.