Claudio Orrego, Intendente de la Región Metropolitana

Cuando como gobierno determinamos que este año íbamos a medir el material particulado fino (conocido como 2,5), subiendo el estándar de medición de la calidad del aire, asumimos que íbamos a tener más episodios de alertas, preemergencias, incluso emergencias. La salud de la población de Santiago, especialmente menores de edad y adultos mayores, justificaba ser más exigentes y asumir un estándar europeo.

No sabíamos entonces que este año nos tocaría el mes de junio menos lluvioso en 150 años, con cero precipitaciones en un mes tradicionalmente caracterizado por las lluvias que limpian el aire, y además con la más baja ventilación en invierno de la que tengamos conocimiento en décadas en la cuenca de Santiago.

En esas condiciones, si hay algo que ha quedado claro en las últimas semanas es la necesidad de replantear las medidas restrictivas para combatir la contaminación en el período invernal. Algo de eso ya se ha conversado en el nuevo Plan de Descontaminación que comenzó a ser analizado el año pasado y que se espera comience a operar en 2016. Cosas que están sobre la mesa y que han comenzado a  ser debatidas hoy por la opinión pública.

El actual Plan de Descontaminación cumplió un ciclo, ya que sus medidas restrictivas son de efecto parcial. Hoy, cuando se analizan las fuentes de la contaminación, nos encontramos  con que un 45% de la contaminación se relaciona con el uso de la leña, un 35% con las emisiones industriales, y el 30% restante con el transporte público y privado. Entonces, si queremos resolver de verdad el problema de la contaminación en Santiago, tenemos que tomar medidas radicales.

¿Debemos prohibir la leña en Santiago? Pienso que sí, y para todo tipo de calefactores, tengan o no doble cámara y sello verde. Hay que hacerse cargo de que gran parte de la leña que se consume en Santiago lo hace en chimeneas del sector alto de la ciudad, pero por razones geográficas la contaminación se concentra en los sectores del poniente.

En cuanto a las industrias, hace 30 o 50 años, cuando había menos vehículos y no se medía la calidad del aire, parecía normal que estuvieran instaladas dentro del anillo Américo Vespucio. Hoy, sin embargo, parece un despropósito y urge repensar nuevas exigencias ambientales.

Finalmente, está el transporte vehicular. La pregunta desde el punto de vista ambiental -e incluso de descongestión- es si vamos a tener restricción vehicular permanente durante los cuatro meses críticos del invierno. Y luego, si vamos a tener algún incentivo para que la gente no sólo compre autos más modernos, sino que reconvierta sus vehículos a gas o a híbridos. Como tercer punto, ¿vamos a tener la capacidad política de ser más exigentes con los camiones en Santiago pese a la importancia que tienen para la actividad económica?

Adoptar medidas más drásticas contra la contaminación es una obligación de la autoridad. Pero estas medidas restrictivas no son suficientes. Hay tres temas que también urgen: un plan de reforestación urbana, un plan de aspirado y lavado de calles, y una fuerte campaña de conciencia cívico-ambiental.

*Columna publicada en el diario La Tercera el 17 de julio de 2015.