Por Claudio Orrego, Intendente de la Región Metropolitana

La reciente encuesta CEP nos reafirma algo que aparece en todos nuestros estudios: la preocupación de la mayoría de los chilenos por la seguridad ciudadana. Se pueden argumentar muchas razones para esta intranquilidad, como el aumento de la violencia en los delitos, la aparición de nuevas modalidades para cometerlos o la influencia que tienen los medios de comunicación en la percepción de la gente.

El asunto es que como Gobierno no podemos excusarnos: tenemos la obligación de hacernos cargo de este problema y llevar la bandera de la lucha contra la delincuencia.

Como Intendencia Metropolitana lo hemos hecho. Hemos entregado equipamientos e infraestructura para las policías, pero también hemos servido  de puente para coordinar a las distintas instancias que cumplen algún rol en el combate de los delitos.

En 2014 iniciamos encuentros participativos – a los que llamamos Cabildos Ciudadanos-, en los que semana a semana recorrimos las 52 comunas que componen la Región Metropolitana buscando un contacto directo con la ciudadanía para conocer sus problemas y anhelos  más urgentes. De esas reuniones surgió la seguridad como un tema crucial. Los vecinos acusaban problemas de vivienda, de salud, de locomoción, de pavimentos, pero sobretodo señalaban que las calles eran peligrosas en la noche,  que los vendedores de drogas se habían tomado las plazas, que la iluminación era precaria, y que la presencia policial era escasa.

A solicitud de esos mismos dirigentes comunales y de vecinos, iniciamos en octubre pasado cabildos 2.0 enfocados íntegramente en la temática de seguridad.

A la fecha, hemos realizado  jornadas en las comunas de Quinta Normal, Macul, San Miguel, Cerrillos y Pudahuel, acompañados de alcaldes, fiscales, jefes de policía, seremis, consejeros regionales y parlamentarios. Todos juntos buscando dar soluciones concretas a las demandas de seguridad más sentidas por los vecinos.

Estos encuentros son realizados bajo la modalidad de un conversatorio, semiestructurado como taller, lo que nos permite dar a conocer la gestión del gobierno en materia de seguridad pública y escuchar de los vecinos cuáles son sus problemas y sus propuestas para abordarlos. La idea es más tarde integrar ese diagnóstico a los planes locales de seguridad.

Si bien se trata de comunas con distintas realidades, al consultarles cuáles son los tres principales problemas de seguridad que tienen, siempre aparecen los robos, los hurtos, el tráfico de drogas, el porte ilegal de armas, la deserción escolar, la falta de espacios públicos recreativos y la baja dotación policial. Pero cuando se les pregunta cuáles son los aportes que ellos pueden hacer para combatir los delitos, se complican un poco más. Finalmente la respuesta es casi siempre la misma: organizarse como vecinos y aprender a denunciar lo que ocurre en sus barrios.

Sabemos el valor de que la comunidad participe y enfrente unida los desafíos que le impone su entorno. A cualquier nivel. La lucha contra la delincuencia la vamos a ganar en la medida en que actuemos como un solo cuerpo. Y en eso no nos equivocamos, una ciudadanía participante y corresponsable es mucho más fuerte.

*Columna publicada en La Tercera el 25 de diciembre de 2015.