Por Claudio Orrego, Intendente RM

Hoy parece un lugar común decir que hay que proteger la naturaleza y el medioambiente. Chile, por ejemplo, dice cuidar el 19% de su territorio mediante distintos tipos de instrumentos de conservación.  Pero del dicho al hecho hay un gran trecho, y resulta sorprendente que una región como la Metropolitana, donde vive más del 40% de la población del país, tenga solo el 1% de su territorio protegido y no cuente con ningún Parque Nacional.

Llegó el momento de traducir los deseos en proyectos, y los proyectos en hechos. La gente de Santiago requiere y demanda de más espacios públicos para recrearse y reencontrarse con la naturaleza. Así como Barcelona le dio la espalda al mar durante décadas, privándose como ciudad y destino turístico de un atractivo tan importante, igualmente Santiago le ha dado por décadas la espalda a su precordillera.

Como Gobierno Regional nos hemos propuesto, en coordinación con los ministerios de Medio Ambiente, Agricultura y la Presidencia, crear el primer Parque Nacional para Santiago. Qué mejor lugar para partir que un espacio privilegiado y prioritario para la biodiversidad como lo es la Reserva Natural de Río Clarillo.

Si bien más de 90 mil personas visitan anualmente Río Clarillo, sorprende aún más saber que otros 120 mil deben devolverse porque no hay cabida para ellos en el parque. Hace 30 años se determinó proteger a Río Clarillo de la intervención humana y la creciente degradación que sufría. Darle hoy  la máxima categoría de protección no es solo una demanda ciudadana, sino que un deber de la autoridad para con la naturaleza y las nuevas generaciones.

Otro lugar especial de nuestra región es el humedal de Batuco. A nivel global, los humedales son probablemente los ecosistemas más frágiles, aquellos que demandan mayor protección  y que tienen en la legislación internacional las normas más estrictas.  Sin embargo, en Chile, Batuco está desprotegido.

Declarar Reserva Natural al humedal de Batuco no solo va a permitir darle la protección adecuada, sino que también exigir que cualquier actividad en su entorno tenga los debidos estudios de impacto sobre el medio ambiente.

La gente demanda calidad de vida, y cada día sabemos que eso no se reduce, ni mucho menos traduce, en más cemento y hormigón. Significa más áreas verdes, reencuentro y protección con la naturaleza. Llegó el momento que Santiago esté a la altura de aquello. Lo que hagamos hoy lo disfrutarán y valorarán nuestros hijos y nietos.

*Columna Publicada en Diario La Segunda el 22 de octubre de 2014.