Claudio Orrego, Intendente de la Región Metropolitana

En la editorial de La Segunda de este miércoles 22, bajo el título “Restricción antojadiza”,  se realizan una serie de afirmaciones que pretenden atribuir las nuevas medidas anticontaminación -que anunciamos con el Ministerio de Medio Ambiente el martes- a un “capricho” que tendría  objetivos poco claros y que daría escasos resultados para descongestionar la capital.

Siempre supimos que el exigente nuevo estándar para medir el material particulado iba a generar más episodios críticos (independiente de las excepcionalmente malas condiciones atmosféricas de este año) y que se requería un nuevo plan de descontaminación para esta nueva etapa.

Cada medida propuesta en este nuevo plan está directamente relacionada  con cada una de las tres fuentes principales de contaminación de Santiago: la congestión y contaminación de vehículos livianos y pesados (31%); las emisiones de las industrias de gran tamaño (26%); y la de origen residencial como la combustión a leña (31%).

La restricción de catalíticos durante los cuatro meses de invierno es solo una de las 16 Medidas propuestas, y una de las 6 medidas en términos de transporte. Nunca hemos sostenido  que los vehículos livianos son la única o principal fuente de contaminación. Primero es la leña, de ahí su prohibición, luego la industria, y luego el transporte, donde vehículos pesados llevan la mayor parte de la participación.

Dicho lo anterior, creemos que un parque vehicular de 1,7 millones, que aumenta al 8% anual también debe  hacer su contribución. No es cierto que por 16 días de restricción al año, algunas personas vayan a comprar vehículos, y si es cierto que una restricción por solo los 4 meses de invierno apunta a mejorar la salud de los santiaguinos.

Para mejorar la calidad del aire nadie puede restarse invocando su propio bienestar o derechos individuales, menos cuando está en juego la salud de las personas más vulnerables, niños y ancianos, que habitan en los sectores más desfavorecidos de la ciudad.

*Columna publicada en el diario La Segunda el 24 de julio de 2015.