El intendente de la Región Metropolitana designado por la Presidenta Bachelet se propone articular voluntades para conseguir una mirada de conjunto sobre Santiago como ciudad. Inspirado en Vicuña Mackenna, aquí cuenta cómo ve el tema del desarrollo urbano y las urgencias que enfrentará en su cargo.

POR: OSCAR SEPÚLVEDA

Claudio Orrego Larraín parece, por estos días, uno de esos caballos de carrera del hipódromo, minutos antes de que den la partida. Se lo ve energético, entusiasta, con la adrenalina a mil. La Presidente Bachelet lo designó intendente de la Región Metropolitana y él se ha tomado la tarea con tal entusiasmo que, antes de asumir, ha tratado de hablar con la mayor cantidad posible de ex intendentes, alcaldes, arquitectos, urbanistas… Quiere aprender de su experiencia, buscar nuevas ideas y empezar a coordinar voluntades para poder enfrentar dé la mejor manera este desafío.

Sin duda, haber recorrido Chile cuando postuló como candidato presidencial de la DC en las primarias de la Concertación le va a servir para sus nuevas tareas, pero lo que realmente hoy quiere, dice, es abocarse a cumplir desde su ámbito el programa de gobierno de Michelle Bachelet.

Con la Presidenta electa se conocen desde hace años. Primero trabajaron juntos en el Ministerio de Salud, después fueron colegas en el gabinete del Presidente Lagos, siendo Orrego ministro de Vivienda, y en el tiempo que era alcalde de Peñalolén, Bachelet visitó varias veces esa comuna. “Ella sabe que a mí el tema de la ciudad me apasiona y ahora tenemos una inmensa oportunidad para ayudar a la transformación de Santiago, contribuyendo así al éxito de su gobierno”, dice. Precisamente de eso hablaron en enero, cuando ella lo llamó por teléfono a la Universidad de Notre Dame, en Estados Unidos, donde se encontraba haciendo clases, para proponerle el puesto. Cuenta que mientras caminaba por los nevados jardines de esa universidad, a 35 grados bajo cero, aceptó gustoso el ofrecimiento, “porque desde el primer momento en que me lo planteó sentí una gran sintonía con el sentido que ella quería darle a esta misión”.

—¿Le habló sólo de este cargo o le ofreció alguna otra alternativa?

—No. Sólo este cargo. Y junto con agradecerle, le expliqué que me entusiasmaba la tarea, tanto por apoyarla a ella en su gobierno, como por impulsar su agenda de transformaciones y aportar a un mejoramiento de esta ciudad, que tanto lo requiere.

—¿Pero le gusta este cargo o habría preferido ser ministro?

—Me encanta este cargo. Pocas veces en política se tiene la suerte que he tenido yo, de haber podido ser concejal, alcalde, ministro y ahora intendente. Me fascinan las tareas ejecutivas que tienen que ver con un territorio. Antes fue en una alcaldía y ahora es a otra escala, en la región más grande del país.

Confiesa Claudio Orrego que su designación como intendente lo ha conectado bastante en estos días con el recuerdo de su padre, Claudio Orrego Vicuña, fallecido cuando él tenía sólo 15 años. “El era un gran admirador de Vicuña Mackenna (quien fue intendente de Santiago y su tatarabuelo). En su escritorio, al lado de los retratos de Frei Montalva, Konrad Adenauer y Clotario Blest, tenía una foto de Vicuña Mackenna, la misma con la cual yo entré a la alcaldía de Peñalolén, al asumir. Porque mi padre, junto con ser un político, era un intelectual y un defensor de los derechos humanos, sentía un gran amor por Chile y en particular por Santiago. De chico, me llevaba de la mano a ver los homenajes que se le hacían a Vicuña Mackenna en el cerro Santa Lucía, que él remodeló. Es bonito sentir que uno se conecta con la historia… Pero yo no quiero sólo sentir nostalgia de lo que fue, sino que inspirarme en eso para construir hacia adelante nuevos sueños y nuevas utopías para Chile”.

—¿Alguna vez su padre imaginó que podía llegar a ser usted en la vida?

—No. Fíjate que por ahí por el año 8o, cuando yo tenía como 14 años, vivíamos en Estados Unidos, y sólo quería jugar tenis. Mi papá estaba medio frustrado. La única vez que violó el pacto secreto de autonomía de su hijo fue cuando me dijo: ¿Realmente quieres ser tenista, hijo? ¿No quieres hacer otra cosa?” Estaba como desesperado. Cuando volvimos a Chile, en el verano del ’82, tuvimos la única conversación de adultos que alcanzamos a tener, porque ese año murió. Yo venía llegando de mis colonias urbanas en Renca y Conchalí, mi primera experiencia con la pobreza. Ahí tuve un ataque de rebeldía: “¡Por qué nosotros tenemos tanto y otros tienen tan poco!” interpelaba a mi papá. En esa época habíamos cambiado la Citroneta por un Citroen Visa y yo encontraba que eso era un lujo inaceptable. Ahí me contó su vida, que había querido ser cura, que luego estudió filosofía y sociología, y que después entró en política siguiendo a personas que admiraba. Fue linda esa conversación, porque me permitió conocer su alma y entender su vocación de servido. En ese momento —o quizás lo traía de la cuna— me sentí interpelado y convocado a lo mismo.

—Y sus hijos, ¿cómo reaccionaron a esta designación?

—Ellos pensaban que me iba a quedar tranquilo un tiempo, pero ya están resignados. Como que se acostumbraron. Los más chicos preguntan cosas bastante profundas, como: “¿Tendremos entradas para Lollapalooza o para ir al estadio?” (se ríe).

—¿Se ha preguntado qué diría su padre sobre el hecho de que la DC sea hoy parte de una coalición de gobierno junto al Partido Comunista?

—Mi padre murió hace 32 años. No sé qué habría pensado o hecho. Pero le puedo decir que yo sí apoyo y seré parte de este gobierno, con los miembros que lo componen. Veremos en terreno si todos estamos o no a la altura de las grandes cambios que queremos para Chile.

—A usted, en lo político, ¿no le incomoda la alianza con el PC?

—Nosotros aceptamos ser parte de este gobierno y en la cancha se ven los gallos. Ahí veremos cómo aporta cada cual a este proyecto colectivo. Tenemos ese compromiso con Chile y la Presidenta, y yo al menos lo voy a honrar.

—¿Cuáles son las principales diferencias que ve entre los anteriores cargos que desempeñó y éste?

—¡Uf!, muchos. Uno de los roles del intendente es construir con otros una visión de la ciudad y de la región. El alcalde trabaja con su concejo municipal y con la ciudadanía, pero su territorio es más acotado. Yo tendré que relacionarme con 54 alcaldes, 34 consejeros regionales y múltiples actores de la sociedad civil, en una región de cerca de 6 millones de habitantes.

—¿Y las facultades que tiene el intendente, son suficientes para avanzar?

—Claramente no lo son. Por eso es importante la comisión de descentralización que convocará la Presidenta en los próximos días. Chile es muy centralizado y Santiago también. Ahora, no porque uno no tenga suficientes atribuciones legales va a dejar de hacer cosas. Eso fue parte de la misión que me encomendó la Presidenta, que como ex alcalde aprovechara mi cercanía con las autoridades comunales para juntar, para asociar, para dejar de pensar sólo en la comuna y empezar a pensar en la dudad. La experiencia de calidad de vida del chileno que vive en Santiago no termina en el límite comunal. Es un todo integrado.

—¿Ayudaría en ese propósito la figura de un alcalde mayor en Santiago?

—Ese tema se va a discutir en la comisión que le menciono. Sí puedo decirle que me gusta la idea de tener intendentes electos y gobiernos regionales con muchas más atribuciones y recursos, que más que quitar poder a los municipios se lo quiten al gobierno central. Todas las grandes ciudades tienen un gobierno fuerte que planifica y conduce un desarrollo integral. Santiago no debería ser la excepción. Por eso tengo muchas esperanzas en el trabajo de la comisión presidencial.

* Entrevista publicada en Revista Cosas (7 de marzo de 2014)