Por Claudio Orrego, Intendente de la Región Metropolitana

Cuando se asiste a un espectáculo, ya sea deportivo, musical, o cinematográfico, uno paga –muchas veces bastante dinero- por pasar un buen rato y disfrutar de lo que ahí se exhibe.   Nadie en su sano juicio pagaría por ir a pasarlo mal. Entonces, ¿por qué no exigirle al organizador que asuma la responsabilidad de cumplir con los mínimos requerimientos de seguridad que permitan a los asistentes no temer por su integridad?

Lo ocurrido hace algunos meses en la tocata de la banda Doom, con cinco personas fallecidas y una docena de heridos de gravedad, o lo acontecido en el concierto de Damas Gratis, donde hubo graves agresiones a la policía en las cercanías del Teatro Caupolicán, son hechos que no deseamos repetir y que obligan a la autoridad a tomar medidas más estrictas. No queremos una tragedia como la ocurrida hace más de 10 años en Buenos Aires con Cromagnon.

Esto, sin duda, nos obligó a repensar también la forma en que como Intendencia Metropolitana nos relacionamos con los organizadores de espectáculos. Hace algunos días firmamos una circular (la N°28) que entre sus principales puntos obliga a las productoras a concurrir con más de 20 días hábiles a solicitar el permiso  respectivo a la Intendencia, reportando ésta última 15 y 5 días antes a organizadores, público y auspiciadores sobre el cumplimiento de lo exigido.

Pero fundamentalmente hemos cambiado lo que se entendía por evento masivo. Hoy ya no es solamente aquel que sobrepasa las 3 mil personas, sino también aquellos que se realizan en espacios no habilitados para ello, o los que por su naturaleza revisten peligro para los concurrentes. Junto a ello se estableció un sistema de registro público de quienes organizan eventos masivos, para que la ciudadanía sepa cuál es el historial de cada uno.

También hemos firmado un convenio con Sernac para intercambiar información sobre las actividades masivas que involucren una relación de consumo, donde la Intendencia, por un lado, informará sobre los eventos autorizados en el mes inmediatamente anterior a su desarrollo, y Sernac a su vez comunicará los reclamos ingresados el mes anterior.

Estos son pasos que nos permiten ir construyendo una institucionalidad más idónea, sin interferir en la relación comercial entre dos privados pero fijando reglas del juego que permita que un espectáculo  no quede totalmente al azar de una buena o mala gestión de la productora. Tener buenos espectáculos, productoras responsables y dar seguridad a los asistentes es una comunión virtuosa que debemos alentar.

*Columna publicada en La Segunda el 25 de noviembre de 2015.