Por Genaro Arriagada

VIVIMOS una crisis cuya gravedad e impacto no debemos subestimar. En el exterior  está haciendo trizas nuestro prestigio como nación; y en lo interno ha creado un clima de desconfianzas y recriminaciones que envenena el alma nacional. Es urgente encararla, pero para ello primero hay que precisar su naturaleza.

De partida, no hay una si no dos crisis superpuestas. Una es la del financiamiento de la política.  La otra, una reiteración de fraudes en empresas privadas que crean un desprestigio de la actividad empresarial. Es cierto que a veces se confunden, pero son distintas.  ¿Qué tienen que ver con la política las tramas para eludir centenares de millones de impuestos, los contratos forward o el pago de sueldos ficticios a las cónyuges de propietarios de empresas?

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