Por Claudio Orrego, Intendente de la Región Metropolitana

La tragedia sufrida en el norte del país ha sido un triste recordatorio para todos los ciudadanos de este país. A veces olvidamos que Chile está bastante expuesto a peligros de origen meteorológico, y que debemos tomar año a año -sobre todo de cara al invierno- una serie de medidas de prevención, preparación, mitigación y respuesta que nos permitan evitar costos humanos y materiales.

Una iniciativa fundamental para estos fines es la limpieza de quebradas, desde el sector de Colina hasta San José de Maipo, sobre todo aquellas que potencialmente puedan provocar problemas y anegamientos en la zona del valle.

Hablamos de iniciativas como retiro de material y reforzamiento, por ejemplo, en las quebradas de Ramón, Lo Cañas, Lo Hermida, Nido de Águilas, Macul, y otras, y de limpieza de los ríos Mapocho, Volcán, Maipo y Colorado, estos tres últimos en la cuenca del Maipo.

Todos los lugares mencionados sufren muchas veces por la acción de personas inescrupulosas que botan escombros, desperdicios y hasta animales muertos en los cursos de agua.

Cuando las tragedias ocurren en el país, uno se lamenta de no haber actuado antes con mayor firmeza y determinación.

Ocurrió el año 1993, cuando el aluvión en la quebrada de Macul dejó 26 personas muertas y ocho desaparecidos en la Región Metropolitana, y obligó a la construcción de las piscinas de decantación que hoy nos permiten aminorar los efectos de una avalancha similar.

Podemos fiscalizar que no haya basura en las quebradas, también podemos fiscalizar que no haya gente viviendo en el cauce del río, pero ¿podemos controlar a la naturaleza?

La historia nos demuestra que no, y eso nos obliga a redoblar esfuerzos para evitar que hechos similares a los de la Quebrada de Macul o la Región de Atacama se repitan en la historia de catástrofes de nuestro territorio.

Debemos estar atentos a las señales de la naturaleza. Tanto aquellas de emergencia que surgen de la Oficina Nacional de Emergencia (Onemi) como las meteorológicas. Y debemos seguir aplicándonos en la limpieza de cauces, las piscinas decantadoras y en los planes de emergencia de aguas lluvia, pero también es necesario continuar trabajando con los municipios del sector oriente, quienes deben tener un sistema tecnológico de alerta muy superior al actual. Porque no hay medida exagerada cuando se trata de proteger la vida.

*Columna publicada en el diario HoxHoy el 22 de abril de 2015.