Por Claudio Orrego, Intendente de la Región Metropolitana

Un muy buen torneo nacional hemos tenido, con tres importantes clubes llegando a los últimos partidos con opciones de campeonar. No cabe duda que tanto Colo Colo, como Universidad de Chile y Santiago Wanderers han mostrado este semestre merecimientos de sobra para alzar la copa. No así Universidad Católica, mi equipo, que no ha dado pie con bola y deberá hacer una profunda reestructuración para salir a flote.

Pero así como hemos tenido equipos con un nivel de juego “superlativo”, también hemos visto varias acciones reñidas con la ética deportiva y, algunas, derechamente delictuales. Episodios como los gritos racistas en contra del jugador venezolano Emilio Rentería, o la insistencia de algunos desadaptados en ingresar bombas de ruido, lienzos, drogas, piedras y otros elementos contundentes al estadio, deben ser fuertemente cuestionados y castigados.

Por ley, los intendentes tenemos la misión de cautelar el orden público en la región, y entre nuestras obligaciones está el de resguardar la seguridad de los concurrentes dentro y fuera de los estadios. Una tarea gratificante cuando un espectáculo deportivo no es empañado por los que creen que son más protagonistas que los jugadores.

Porque no es tolerable, y no puede volverse una costumbre, que en un espectáculo familiar un hincha resulte con un pie amputado, u otro con la cabeza rota de una pedrada. Tampoco debemos tolerar las agresiones a la fuerza pública o los destrozos en lugares tan significativos para buena parte de la población como el memorial del Estadio Nacional

Frente a eso hay que ser implacable, y los clubes en su calidad de organizadores del espectáculo deben tomar todas las medidas de seguridad determinadas por la autoridad para proteger al público. Sabemos que no es fácil, pero para redoblar los esfuerzos y ser aún más acuciosos es que el Parlamento busca hacer modificaciones a la Ley de Violencia en los Estadios que den mayores atribuciones y facilidades a los organismos del Estado para sancionar a los infractores.

Hay que perseverar y no claudicar ante quienes pretenden hacernos creer que la fiesta es convertir el estadio en tierra de nadie, donde un grupo pretende imponer su ley ante una gran mayoría que solo desea vivir la gran fiesta del fútbol.

*Columna publicada en el diario HoyxHoy el 1 de diciembre de 2014.