Por Claudio Orrego, Intendente RM

En noviembre de 1994, el gobierno encabezado por Eduardo Frei Ruiz-Tagle daba vida al Plan Regulador Metropolitano de Santiago (PRMS) con la declarada intención de poner orden al desbocado crecimiento de la ciudad. Las nuevas normas restringían el uso de suelo para viviendas, avanzaban hacia una mayor densidad poblacional, y todo lo anterior lo enmarcaban en normativas de preservación ambiental.

La decisión partía de un diagnóstico indesmentible: Santiago se había sobreexpandido territorialmente a consecuencia de la política habitacional desarrollada por la dictadura en la década del ´80, consumiendo parte importante del rico suelo agrícola de la región, generando infraestructura urbana con costos enormes para el Estado, y agudizando los problemas de transporte y agua potable en la capital.

El optimismo se impuso y las autoridades de entonces proyectaban que en dos décadas la densificación de la ciudad avanzaría desde los 90 habitantes por hectárea a 125 o 135.

Nada de eso ocurrió. Y 20 años después de la proyección, la situación ha empeorado. Santiago hoy no tiene los 135 habitantes por hectárea proyectados, sino que apenas 65, y no tiene 80 mil hectáreas urbanizadas, sino que 125 mil. Y en mucho de eso hay responsabilidad de autoridades que han cedido a las presiones de quienes solo miran el interés económico que estos “paños” pueden generar.

La pregunta que surge entonces, más allá de las modificaciones hechas al PRMS en estos años, es si queremos seguir viviendo en una ciudad devoradora de territorios o, por el contrario, queremos tener un modelo se ciudad que se construye desde afuera hacia adentro, y que genera otros polos satélite como puede ser los hoy casi conurbanizados Melipilla y Peñaflor.

A los santiaguinos les cuesta pensar en una ciudad con mayor densidad, pero es necesario buscar formas amables de hacerlo. Santiago lamentablemente ha ido en la dirección opuesta a lo que todos los urbanistas del mundo aconsejan, que es acotar el crecimiento de la urbe, y esto no significa necesariamente que los edificios vengan a sustituir a las casas, sino que hay recuperar zonas deprimidas de la ciudad y hacerlas habitables, considerando también calles y áreas verdes.

Este viernes realizaremos un seminario a propósito de este hito fallido, donde seguiremos abordando la mejor forma de hacer ciudad, y de entregar igualdad de condiciones y oportunidades para todos los santiaguinos.

Hoy vemos que los lugares suburbanos se están conectando bien con proyectos como el tren a Melipilla, pero sabemos que falta mucho para nivelar esa cancha.

*Columna publicada en Cooperativa.cl el 28 de noviembre de 2014.