Por Claudio Orrego, Intendente de la Región Metropolitana.

Muchas veces he señalado la necesidad de que las autoridades conozcan el territorio y ejecuten las políticas públicas en conjunto con los ciudadanos. La cabeza piensa donde están los pies, digo cuando quiero dejar en claro que solo conociendo las problemáticas concretas, en terreno, se puede arribar a conclusiones adecuadas y dar sentido de urgencia a nuestras acciones como Gobierno. Y cuando los vecinos se sienten partícipe y ayudan en la concreción de los proyectos que atañen a su barrio, esas medidas son validadas y exitosas.

Al revés, las políticas “desde arriba”, hechas por un grupo de iluminados que en sus escritorios planifican qué hacer y cómo hacerlo, corren el serio riesgo de fallar, y eso implica un importante malgasto de recursos y la pérdida de la confianza y la paciencia de la ciudadanía.

A modo de ejemplo. Actualmente impulsamos Planes Integrales en cuatro barrios de alta complejidad de la Región Metropolitana: La Legua, Bajos de Mena (Puente Alto), TilTil y recientemente la población Parinacota (Quilicura). Se trata de intervenciones en lugares con poca presencia del Estado y un deterioro evidente en las condiciones de vida de sus habitantes.

¿Podemos aplicar el mismo Plan para estos cuatro lugares? Rotundamente, no. Las particularidades de cada barrio hacen inviable un plan estándar. Por ejemplo, el mayor problema de Bajos de Mena es el acceso a servicios públicos, cosa distinta a La Legua, y de cierta manera Parinacota, que son lugares que han padecido más bien la instalación de bandas que han hecho de la delincuencia y la extorsión una forma de vida. Finalmente, tenemos a Tiltil, que se ha convertido en el patio trasero de Santiago, con vertederos,  chancherías, cárceles y una escasa y cara conexión con la capital.

Otro ejemplo. Hemos hecho cabildos comunales en las 52 comunas de la Región Metropolitana, de donde nos hemos enterado de boca de los vecinos sobre las principales preocupaciones que ellos tienen. Desde fines del año pasado estos cabildos se han enfocado en la principal preocupación expresada ahí: la seguridad. Y en ocasiones, pequeñas modificaciones en el statu quo suponen cambios positivos fundamentales para nuestros ciudadanos.

Es importante que al apostar por la recuperación de los espacios públicos, resguardado la relación entre iguales y reinstalando el concepto de autoridad, pongamos de relieve las necesidades de aquellos que viven día a día en esos barrios. Son ellos, quienes mejor conocen sus necesidades. Y nosotros como autoridades, debemos andar con el ojo despierto y el oído atento.

*Columna publicada en La Segunda el 04 de mayo de 2016.