Claudio Orrego, Intendente Región Metropolitana

Las Fiestas Patrias se celebran en Chile con un entusiasmo que resulta extraño e inusitado para quienes provienen de otras latitudes. El frío y el país circunspecto quedan atrás, y una súbita fiebre se apodera de nuestras almas durante septiembre. Florece el tricolor, florece la vida, florece la fiesta y pareciera que en esos días nada importa más que la cueca, la ramada, la carne y el vino.

Es importante que un país tenga celebraciones, cualquiera sea su naturaleza. La fiesta es un espacio de reencuentro con la familia, con los amigos, con los compañeros de trabajo. Un relajo en la apretada agenda de trabajo (y/o estudio) de los chilenos. Un último empujón para llegar a fin de año.

Pero así como abogamos por la diversión, también llamamos a celebrar con responsabilidad. No queremos que esta importante fecha se vea empañada por compatriotas que no respetan a sus semejantes y no entienden lo que es la moderación en la celebración. Porque esa no es la fiesta que queremos.

Como Gobierno Regional realizamos todos los años un trabajo mancomunado con autoridades civiles y policiales para intentar tener unas Fiestas Patrias más seguras y tranquilas. Afortunadamente en 2014 pudimos  revertir una tendencia al alza y, por ejemplo, en las tradicionales fondas del Parque O´Higgins solo hubo 18 detenidos, lejos de los 98 infractores de 2013.

La dictación de la Ley Emilia posibilitó que también muchos dejaran sus autos en las casas: solo se detuvo a 162 personas conduciendo en estado de ebriedad  y a 96 bajo la influencia del alcohol en calles y carreteras de la Región.

Las labores preventivas sanitarias son otra arista de nuestro trabajo y se dirigen a los productos altamente consumidos en estas fechas, como carne, el pipeño con que se hace el “terremoto”, o las empanadas. En 2014 se realizaron 2.270 fiscalizaciones en locales, fábricas y cocinerías de Santiago, con 117 sumarios sanitarios y 6 prohibiciones de funcionamiento. Se  decomisaron en total casi 16 toneladas de productos cárneos y cecinas en mal estado que permitieron que no se registraran intoxicaciones masivas en Santiago.

Pero toda medida previa es insuficiente si no es la propia población la que toma conciencia de los riesgos y actúa responsablemente. No sacamos nada con fiscalizar la comida si los consumidores no se empoderan  y exigen altos estándares a comerciantes y locatarios. Y no sacamos nada con fiscalizar a los vehículos en un lugar si en otro punto de la capital un conductor borracho pone en riesgo la vida de otro. Vivir unas Fiestas Patrias en paz y tranquilidad está en nuestras manos.

*Columna publicada en HoyxHoy el 11 de septiembre de 2015.