Claudio Orrego y Matías Salazar

Este 2015 se decretaron 17 episodios de preemergencia y 1 episodio de emergencia debido a los altos niveles de contaminación en el aire, un número superior a años anteriores y que se explica por la aplicación por primera vez de la norma MP 2.5, un estándar más exigente de medición de la calidad del aire.

Este cambio fue acompañado de medidas tendientes a aminorar el impacto que provoca en la población la limitación del uso del automóvil. Una de esas medidas fueron los “Ejes Ambientales”, medida que da prioridad al transporte público en horas punta, transformando determinadas arterias en vías exclusivas para microbuses, taxis y colectivos. La intención era conferir mayor velocidad y regularidad a la vía, para satisfacer a los usuarios que debían dejar el auto en casa.

Seleccionamos cuatro Ejes Ambientales (Independencia, Los Leones, San Diego y San Pablo), al que luego se agregó Nataniel Cox, en base a su importancia para el transporte público, la frecuencia de buses que presentaban, las condiciones de operación y la posibilidad de que existieran vías alternativas y desvíos para los automovilistas.

¿Estos Ejes Ambientales fueron capaces de colaborar eficientemente para que las nuevas demandas a las que fue sometido el sistema de buses fueran satisfechas?

De acuerdo a los datos obtenidos, todos los ejes ambientales mostraron un aumento en la velocidad de los buses que por ahí circulan. En Los Leones, la velocidad de los buses aumentó  hasta en un 55%, entre las 7.30 y las 10.00 horas. Más atrás, la calle San Pablo registró una mejora del desplazamiento de un 25% en la mañana; San Diego alcanzó un 20%, e Independencia obtuvo un alza del orden de un 10%.

El incremento en las validaciones de las tarjetas Bip! esos días, en tanto, nos muestra cómo sube la demanda cuando aplicamos restricción vehicular, y lo importante que es aumentar la velocidad.  Por ejemplo, el lunes 22 de junio la demanda aumentó en un 9,6% en la globalidad del sistema. Es decir, Transantiago trasladó 200 mil personas más que en un día normal.

Desde la perspectiva de la infraccionalidad, la restricción vehicular obligó a cursar 5.503 infracciones, y por no respetar la exclusividad de los ejes ambientales se levantaron otras 1.002.

Creemos que este tipo  de medidas debe continuar implementándose, junto con otras políticas de ejecución de infraestructura especializada para el transporte. No podemos desconocer que  uno de los principales problemas que enfrenta el funcionamiento del Transantiago es la congestión de la ciudad, y las medidas aplicada nos permitieron construir un doble consenso: en primer término, la necesidad de hacer una revisión general de la políticas de uso del automóvil en Santiago, estableciendo medidas que limiten o desincentiven su uso. Y en segundo término, avanzar decididamente en el incremento de las medidas de prioridad al transporte público, ya que resultan decisivas en el mejoramiento de la operación del sistema y posibilitarán que más automovilistas se cambien al transporte público.

*Columna publicada en La Segunda el 09 de septiembre de 2015.