Por Claudio Orrego, Intendente de la Región Metropolitana

Vivimos en tiempos de grandes reformas, pero hay un desafío de alta preocupación ciudadana que no por obvio debemos ignorar: la basura. Es en el manejo y la gestión de los residuos, tanto sólidos como naturales y vegetales, donde se muestran finalmente los grados de desarrollo de un pueblo.

En nuestra región es un tema a resolver, ya que pese a que este ítem  ocupa cerca del 10% del presupuesto de los municipios de la región Metropolitana, no hemos podido desprendernos de la postal de un Mapocho con toneladas de basura en sus riberas o de vertederos ilegales desperdigándose por casi 70 puntos de la ciudad. La basura en la ciudad es, sin duda, una característica que nos avergüenza, un fenómeno  que nos llama a actuar con urgencia, pero también con inteligencia. ¿Cómo terminar con estos vertederos ilegales? ¿Cómo crear conciencia en la ciudadanía de que esto es tarea de todos y no únicamente de la autoridad?

Vamos por partes. Una estrategia de fenómenos complejos debe ser abordada integralmente para que sea efectiva. El primer componente es el proyecto de ley que presentó en 2014 un grupo de senadores de la Nueva Mayoría y que sancionará como delito, con pena de confiscación, el transporte y la contratación del transporte para el traslado de basura ilegal.

Es decir, ya no será solamente la multa en contra de quien bota escombros, sino que se castigará también a quien contrata y el que transporta esos escombros. Creemos que con esto se da un paso fundamental en la materia.

Segundo. Los sitios eriazos son un atractivo para la creación de microbasurales. Hoy existen más de 700 de ellos en la Región, los que, no obstante ser limpiados con cierta regularidad, son rellenados una y otra vez por vecinos inescrupulosos. La única manera de revertir esto es con la transformación de esos microbasurales en espacios públicos valorados por la comunidad. En varios de estos vertederos clandestinos y microbasurales persisten campamentos irregulares y fenómenos de pobreza. Una política efectiva de erradicación de estas personas se transformaría en una solución importante.

Por último, la conciencia ciudadana. Muchos cuarentones recordamos ese lema de la municipalidad de Santiago de que si no ayuda a limpiar, no ayude a ensuciar. Y cuánta falta nos hace una cultura cívica en torno a la gestión y la limpieza de la ciudad.  Llegó el momento de hacer que la basura sea un tema primordial en la lucha por la calidad de vida de la ciudad, donde el desafío es mayor: no se trata sólo  de no ensuciar, sino también de reciclar y reutilizar.

*Columna publicada en el diario La Segunda el 28 de febrero de 2015.